cabecera-uruguay
bw area novedades contacto mapa guita patreon

 



 

banner-redes instagram youtube issuu tumblr twitter

 



ea


 

Navegación
Volver al Índice de Artículos

 

 

Octava Sección

 

Índice de contenidos

 

22- El fútbol color rojo (Pablo Aguirre Varailhon)

23- Las Espartakiadas de 1928, todo el poder para los goles (Alejandro Sánchez Blanco)

 

 

 

 

22- El fútbol color rojo


Pablo Aguirre Varailhon

 

Entre las mejores páginas de gloria del fútbol celeste se recuerda la gesta de 1924 en Colombes, una época dorada donde se ganaba muchos más torneos de los que se podían perder. Sin embargo, en el fútbol local las cosas no eran sencillas, ya que se encontraba dividido políticamente, aspecto que se llevó a la cancha: por ese entonces había dos torneos de primera, por lo tanto, dos formas de integrar el fútbol uruguayo, cuando se transitaba los últimos años de la era amateur, con un formato diletante del cual sólo quedaba el nombre; el profesionalismo era inminente, uno bien a la uruguaya, aunque la realidad lo mostrará más bien montevideano.


Esta división de la que hablamos, fue la época donde convivieron la Asociación (actual AUF) y la Federación Uruguaya, con ramas que incluso llegaban al gobierno colorado de aquel entonces. Por un lado Nacional, y por el otro Peñarol (cada uno de los “grandes” estaba al frente de una de estas asociaciones), hasta que después de un largo y conversado acuerdo se llegó al “Laudo Serrato” en 1925 que unificó a las partes en su origen. Si bien esta introducción es para ambientar la época de estos acontecimientos, no es el tema a tratar, aunque sí nos ayuda a ver una referencia clara de estos años: la política y el fútbol se mezclaban, y por momentos uno era el trampolín hacia el otro, un rasgo que subsiste al día de hoy.


No eran las únicas expresiones formales de este deporte por los años veinte, aquella de la generación olímpica y mundial que fue insuperable hasta 1935 y que era vivida por la población a través de los diarios principalmente. A comienzos de esta década, con la creación del Partido Comunista y su adhesión a la Tercera Internacional, esta corriente de izquierda criticaba de manera constante el deporte del balompié llevado a cabo por la “burguesía” de la época (manejado por la A.U.F.), que a través de un nacionalismo fervoroso buscaba – según ellos - distraer la atención de las masas obreras de lo que debería ser su verdadera lucha: la de clases.


Aparte de la prédica constante a través de su principal órgano de prensa, el diario “Justicia” (que lograba su subsistencia a través de suscripciones de lectores, avisos, rifas y encuentros los fines de semana), el Partido Comunista estudiaba otras alternativas para la creciente atención que desplegaba en la sociedad el “fútbol burgués” que tanto denostaban. Nuevamente el fútbol y la política mezclaban sus fibras.

 

furo-36
Partido de exhibición entre el Spartak y el Dinamo en la Plaza Roja, 1936. (Fotografía: DP. Vía JotDown).



Aquel camino que buscaría bifurcar el destino de los obreros en el deporte de aquella rama del fútbol, fue la creación en Uruguay de la Federación Roja del Deporte (FRD), de la que se constata su existencia (al menos) desde 1923. Ésta a su vez, se encontraba vinculada a su matriz en Moscú, la Internacional Roja del Deporte (IRD) que dependía de la Tercera Internacional liderada por Lenin. Esto implicaba mezclar íntimamente las dos pasiones, aunque había que brindar otra posición a los valores que intentaba transmitir el deporte, por lo que la manera de llevar a cabo el proyecto debía ir de la mano de los preceptos bolcheviques.


No podemos perder de vista un aspecto fundamental para este relato que es el contexto histórico en que se lleva a cabo. Son los primeros años posteriores a un hecho precursor en América, la famosa ley de las ocho horas de 1915, por lo que también surge el debate sobre el espacio para el descanso, el ocio y la recreación. Una ciudad que superaba los cincuenta mil obreros industriales, mostraba también los primeros efectos de la Escuela Pública Vareliana que generalizó la lectoescritura junto a una secularización de las costumbres. Esto brindaba la posibilidad de asociarse, leer y estudiar, en el “ideal de las tres ocho” (ocho para dormir, para trabajar y descansar) aunque en la práctica a muchas personas no les era posible. Seguramente, una parte de esta población industrial que nombramos, fue la que permitió también que el Partido Comunista logre su banca en diputados, la cual fue ocupada por Celestino Mibelli, curiosamente, dirigente de la Asociación Uruguaya de Fútbol y de la Confederación Sudamericana, además de haber sido uno de los fundadores del viejo River Plate de la Aduana. Cuando se inauguró la sesión en el novel Palacio Legislativo, mientras todos vestían riguroso traje, Celestino se presentó de overol. Su propio partido lo expulsaría años más tarde.


En este contexto, es que se llevaban a cabo los “domingos obreros en los albores del siglo XX”, recreados en el texto de Yamandú González Sierra, que entre muchos otros detalles, cuenta que mientras los comunistas le daban un riguroso contenido político al fútbol, los anarquistas lo colocaron fuera de la frontera del proletariado: “…Así, el 17 de julio de 1921 crearon la Federación Roja del Deporte. El Reglamento del Club Atlético Leningrado estableció <que las instituciones deportivas del país, tienen un carácter netamente burgués, y que son creadas con el único fin de adormecer la mentalidad de la clase trabajadora y tenerla siempre bajo su dominio e ignorante de todo principio de liberación. Considerando que ya existe en el país una institución deportiva que contempla las aspiraciones de las clases oprimidas, fundada con el único fin de libertar al proletariado del yugo capitalista, desarrollar la energía física y favorecer la educación política y revolucionaria de los trabajadores o sea la Federación Roja del Deporte, esta entidad adhiere a ella y se declara completamente antagónica a todas aquellas que no participan de estos principios>”.


En esta Federación participaron en el año 1924, aparte del ya citado Leningrado, clubes como La Comuna, Soviet, Carlos Liebneckt, Hacia la igualdad, Alba Roja, Mate Amargo, Misterio, La Checa, La Internacional, etc. La Federación en aquel año tenía una sola divisional con veintiún equipos que comenzaría sus juegos en el mes de mayo. Otro autor en la materia, el Profesor Rodolfo Porrini, cuenta que mientras se desarrollaba el torneo olímpico de aquel año, “…se fue pasando desde una mirada más neutral o desatendida de la participación uruguaya en la competencia hasta llegar al momento de la “victoria” a una postura crítica directa a las autoridades del fútbol nacional, acusadas de hacer un uso “patriotero” de la misma.”


Con la victoria consumada en los Juegos Olímpicos de 1924 en Francia, y con el esplendor del festejo popular en las calles y caminos de todo el país, Porrini cita un párrafo del diario “Justicia” del día siguiente:


“La burguesía al mandar este team de football a través del océano, deposita en ellos todo su “patriotismo” haciendo creer a los incautos (que quedan en esta) que en dicha olimpiada se impondrá la raza, punto este capital para sumir en la esclavitud a los pueblos”, 10 de junio de 1924, página 6.


Tampoco hay que olvidarse de que aquel plantel campeón olímpico estaba formado por obreros y trabajadores, aquellos a los que la Federación Roja del Deporte (FRD) se dirigía: el “Vasco” Cea era repartidor de hielo; Lorenzo Fernandez, peón en la Aduana; Juan Peregrino Anselmo trabajaba en la Usina del Estado; Pedro Petrone fue verdulero en la Comercial; Juan Delgado, pintor en el Corralón Municipal; Alfredo Zibechi era empleado bancario, y así muchos otros. El “Indio” Pedro Arispe relató a Julio César Puppo (El Hachero), recordando su emoción en Colombes: “Para mí, la patria era el lugar donde por casualidad nací…Era el lugar donde trabajaba y se me explotaba…Pero fue allá en París donde me di cuenta cómo la quería, cómo la adoraba, con qué gusto hubiese dado la vida por ella”. Cita del libro “Humoristas y Cronistas”, del autor referido, a su vez incluido en el trabajo de Yamandú González Sierra.


La intención de la FRD era abarcar distintos deportes, aunque por supuesto que la mayor atracción se aglutinaba en el popular deporte de la pelota, donde los “rojos” no tenían inconvenientes en jugar partidos con equipos que no fuesen de esta Federación, como por ejemplo con la Liga de Chauffeurs (de corte anarquista) en agosto de 1923, donde ganaron los “rojos”.


De la misma manera en que ya se desplegaba la pasión cuando se enfrentaban Uruguay y Argentina, como en la Copa América de 1924 jugada en Montevideo donde los “Celestes” se proclamaron campeones, al año siguiente jugaron un encuentro las selecciones de la FRD de Uruguay y la Federación Deportiva Obrera de la Argentina en el campo de juego del Club Atlanta, para demostrar más que nada cuál era el verdadero sentido que debía impulsar las competiciones deportivas “entre aquellos que son de su misma clase”.


El Mágister en Historia, Andrés Morales, en un trabajo publicado sobre la izquierda y el fútbol, cita a través del diario Justicia del 28 de Octubre de 1925, algunos pormenores de aquel encuentro:


"Desde temprano el público comenzó a afluir a la cancha. Se notaba que era un público muy distinto a los habituales [el "match" era vivido como un acto político del partido comunista]. Reinaba entre todos una gran camaradería [...] Una banda tocó la "Internacional" y otros himnos revolucionarios. Todos lo coreaban con gran entusiasmo. [...] Por último aparecieron los 22 jugadores, referee, linesmen, delegados de la Federación Roja, miembros del Consejo de la Federación deportiva [...] La pequeña columna entonaba la Internacional [...] Hurras para la Internacional del Deporte [...] El compañero Panelón procedió a la entrega de una estrella de Cristal al presidente de la delegación de la Federación Roja, compañero Héctor Podestá. Panelón puso de manifiesto cuanta diferencia había entre los matchs internacionales de las instituciones burguesas y este partido internacional proletario. ¡Cuánto chauvinismo asqueante en aquéllos y cuanta solidaridad en los últimos! Barreiro, secretario del club Alba Roja, entregó luego una hermosa banderita roja, con la estrella bordeada en oro".


Como bien cita Morales en su trabajo, la puesta en escena de aquel encuentro muestra un sentido en lo simbólico muy diferente a lo que ocurre normalmente en un partido de fútbol fuera de esta Federación: lo que se escucha, son las estrofas de la Internacional cantada a “coro” por todos los presentes (jugadores, jueces, dirigentes y público en general), mientras las banderas mantienen también una uniformidad en su apariencia: la roja con la estrella amarilla. Uruguayos y argentinos se encontraban hermanados bajo esas circunstancias, al menos en ese momento.

 

Las Spartakiadas

La Federación Roja local, como dijimos anteriormente, se encontraba adherida a la central en Moscú, o mejor dicho, eran una extensión de la IRD (Internacional Roja del Deporte) en el Uruguay. Si bien ya se habían producido otros eventos obreros del deporte llamadas “Olimpiadas Obreras” (en 1921 en Praga y Francfort en 1925), en el mes de agosto del año 1928 se organizan las primeras “Espartaquiadas” (en honor a Espartaco, líder de la mayor rebelión de esclavos contra Roma) en la ciudad de Moscú, más precisamente en el estadio “Dynamo”.

 

esparta28
Carteles de las Espartaquiadas de 1928 (Fotos: Pablo Aguirre)

 

Formaban la versión “obrera” y revolucionaria en contraposición con los “burgueses” Juegos Olímpicos que se habían desarrollado ese año en la ciudad de Ámsterdam. La oportunidad fue bien vista por el Partido Comunista del Uruguay que decidió presentar una selección de la Federación para mostrar una vez más las diferencias con los valores “patrioteros” del fútbol “oficial”. Según detalla Porrini, el diario “Justicia” de fecha junio detallaba: “Proletarios deportistas del Uruguay: ¡de pie por la Espartakiada!”. Había que lograr el financiamiento para el viaje de la delegación, que este autor detalla de la siguiente manera:


“Se hizo una campaña propagandística y financiera –a través de una “Gran Rifa”- para apoyar la ida del team rojo uruguayo. Finalmente la delegación partió el 26 de agosto hacia Moscú, despedida del puerto capitalino por más de 400 personas. Las informaciones sobre su desempeño oscilan entre el positivo recuerdo de Leopoldo Sala quien estuvo entonces en Moscú, hasta un menos optimista de Wladimir Turiansky (2011): “creo que les fue mal…me comentaron que hubo alguna goleada” sobre el equipo rojo uruguayo.”


Según la web de la “Rec. Sport Soccer Statistics Foundation” (www.rsssf.com), el torneo contó con veintiún equipos divididos en dos grupos: uno de doce, formado por equipos de la Federación Rusa, y otro con nueve combinados de otras repúblicas soviéticas, más los representativos de Uruguay, España y Suiza. No se detallan todos los resultados, aunque si se detalla que la final del grupo de la federación local fue obtenido por el “Moskva”, mientras que en el otro Ucrania en el partido decisivo vence a Uruguay por cuatro a cero (otros informan que fue siete a uno, aclarado por el mismo sitio web).


Tres años después, en 1931, se jugaría la segunda versión de este torneo en Berlín. En febrero de aquel año, el diario local “La Lucha Obrera” detallaba “…en el próximo mes de Junio tendrá lugar en Berlín la II Spartakiada Mundial, organizada por la Internacional Roja del Deporte. Tenemos noticias de que la Federación Deportiva Obrera de la Argentina como también la Federación Roja del Deporte del Uruguay han empezado ya el trabajo por el envío de delegaciones que comprenderán: Team de Football, team de Basket-ball y equipos ciclistas…”.


La situación económica y social del Uruguay había comenzado a empeorar, lo que devino en un golpe de Estado en 1933, que tuvo una importante represión sobre los sectores de izquierda, por lo que la Federación fue perdiendo fuerza poco a poco al igual que su similar en Argentina. Ya en abril de 1931, el mismo diario sinceraba la posición de la organización deportiva: “…En América Latina tenemos un movimiento deportivo obrero muy débil, razón por la cual las burguesías nacionales y sus gobiernos tienen casi monopolizado para sus fines chauvinistas y fascistas la práctica deportiva”.


Poco tiene que ver con este tema, pero los próximos mundiales de 1934 en Italia y cuatro años más tarde en Francia estarán marcados también políticamente ante el advenimiento de la II Guerra Mundial. Aquella segunda versión de la “Spartakiada” no pudieron llevarse a cabo por la prohibición de la policía de aquella ciudad alemana, mientras las delegaciones quedaron varadas, por lo que se estima que pudieron jugar algunos partidos de manera informal.


Con los años, el fútbol siguió su cauce por los ríos de la FIFA, más allá de no ser la única expresión, pero sí la principal tanto en Uruguay como el mundo, aunque a nueve décadas de aquel agosto de 1928 sigue siendo un recuerdo poco conocido en la historia de este deporte.


Referencias:


Rodolfo Porrini, “Izquierda uruguaya y culturas obreras. Propuestas al ‘aire libre’: el caso del fútbol (Montevideo, 1920-1950).
Mág. Andrés Morales, Batllismo y fútbol. http://www.el-area.com/uruguay/subpaginas/articulos_uru-1b.htm
Yamandú González Sierra, “Domingos obreros en los albores del siglo XX”, libro: “Historias de la vida privada en el Uruguay”, pág. 200.
http://www.rsssf.com/tabless/spartakiads.html#28

 

Fuente I Revista Túnel

 

 

 

 

 

23- Las Espartakiadas de 1928, todo el poder para los goles

 

Profesor Alejandro Sánchez Blanco

 

Con el gol de Edison Cavani en el Estadio de Samara se cerraba el partido de los celestes ante los locatarios de Rusia. Era la cuarta vez que ambas selecciones jugaban en aquellas tierras. Tres veces lo habían hecho en Moscú (dos ante URSS y una con Rusia) y esta cuarta en la Copa FIFA 2018. Tal vez una quinta, si estamos dispuestos a considerar que un seleccionado uruguayo había tenido su primera vez en Moscú hace más de 90 años. Es que los uruguayos, no sólo lograron ser los campeones olímpicos de fútbol en Colombes y Ámsterdam, sino que también, para algunos, logró medalla en las Espartakiadas, realizadas en Moscú en 1928, como demostración obrera contrapuesta a las competencias “burguesas” lideradas por el barón Pierre de Coubertin. Representados por la Federación Roja del Deporte, más allá del proclamado internacionalismo proletario, la nación terminaba siendo más fuerte en tanto un grito universal proclamaba “todo el poder a los goles”.

 

uruguya-espartakiadas-1928
Escena del partido Uruguay 3-1 Finlandia. La camiseta en oscuro corresponde a la Federación Roja del Uruguay (Foto cedida por el autor).

 

Precisamente una década después del estallido de la revolución bolchevique, la invitación a su expansión en órbita mundial estaba planteada. Para el diario comunista “Justicia” que se editaba en Montevideo, ese destino tal vez pudiera cumplirse cuando el proletariado despertara a las tareas revolucionarias y en tanto no se alienara, por ejemplo, con los triunfos olímpicos celestes, a los consideraba un superfluo pasatiempo de la burguesía.

Sin embargo la participación del cuadro fútbol obrero y uruguayo en las Espartakiadas de Moscú de 1928 moldeará la mirada del diario comunista ya que la Liga Roja parecía dispuesta a “escribir la brillante historia de la emancipación de los proletarios en la cultura física”. Con el empuje revolucionario solo restaba dirimir cuál sería el lugar en el podio, en la que fue “Nuestra primera vez en Moscú”.

 

 

Dado el tamaño del artículo se ha decidido ofrecer un resumen introductorio escrito por el propio autor y, a continuación, se brinda el enlace para la lectura online y descarga gratuita del documento:

 

 

down

Clicando en el icono puedes leer y descargarte el artículo (28 páginas, 526 Kbs.)

 

 

 

 

Navegación
Volver al Índice de Artículos

 

 

escuauf

 

 

 

banner-redes instagram youtube issuu tumblr twitter

 

 

 

 

footer clau